Todo sobre Las Brujas de Salem y sus juicios

Hay veces que la realidad y la ficción se entrelazan de tal forma que es difícil diferenciarlas. Lugares dónde la magia parece real, aunque a veces desearíamos que no fuese así. Uno de esos lugares es Salem, también conocida como “Ciudad de Brujas”. Esta pequeña ciudad, ubicada en el condado de Essex, estado estadounidense de Massachusetts es, probablemente, la mayor cuna de historias de terror relacionadas con brujas. Lo peor es que muchas son más ciertas de lo que parecen.

Casa de Brujas Salem

Las brujas de Salem, una historia real

La América del siglo XVII se componía de puritanos que habían puesto rumbo al nuevo continente huyendo de la discriminación que sufrían en su país. Y con ellos no sólo transportaban sus pertenencias, sino que iban acompañados de su total y absoluta fe en Dios. En sus creencias mantenían que cualquier dolencia o fenómeno natural que no se pudiera explicar era un castigo divino, y la única manera de solucionarlo era la oración. Esto unido a la posición de la mujer en aquella sociedad, en la que se encontraba totalmente sometida, hizo que la creencia en las brujas fuera algo totalmente arraigado.

En las colonias británicas ya se habían dado casos de brujería antes que en Salem. De hecho, el primer caso registrado dota del año 1647 en Connecticut, siendo la acusada Alse Young. Entre 1647 y 1692 los casos de brujería se sucedieron por todo Nueva Inglaterra, dándose hasta una veintena de casos. Pero todos ellos de manera aislada, espaciados en el tiempo y con un máximo de dos acusados de manera simultánea.

Fue en 1692 cuándo la fiebre de la caza de brujas estalló en las nuevas colonias. No sólo se registraron casos en la aldea y ciudad de Salem, sino que se dieron casos por toda la América puritana, como Ipswich y Andover. Pero la cantidad de casos que se dieron en Salem no tuvo comparación en ningún otro lugar.

Historias inéditas sobre el aumento de las brujas en Nueva Inglaterra: hombres, mujeres y niños que se consagran al Diablo y que amenazan con subvertir el gobierno. Diario de Jonh Evely, escritor inglés, 4 de febrero de 1693.

La verdadera historia de las brujas de Salem dio comienzo en enero de 1692, cuándo dos niñas, Elisabeth Parris, hija del nuevo reverendo Samuel Parris, y su prima, Abigail Williams de 9 y 11 años respectivamente empezaron a sufrir episodios de espasmos y convulsiones acompañados de fiebre y gritos incoherentes.

Pero Betty Parris y su prima no fueron las únicas niñas en comportarse de manera extraña. Ann Putman, de 12 años, hija de una de las familias más poderosas y adineradas de Salem sufrió la misma suerte. Ann, además de mostrar idénticos síntomas que las otras niñas, aseguró haber peleado contra una bruja que tenía la intención de decapitarla.

El médico de la ciudad, William Griggs, Brujas con el diabloexamino a las afectadas, y al no encontrar explicación racional alguna, atribuyó los síntomas a la influencia del diablo. Tanto para él como para los clérigos no cabía duda de ser un claro caso de brujería.

Y no eran los primeros casos de brujería en la localidad. Cuatro años antes, en 1688, ya habían sido condenadas otras mujeres por brujería. El caso más llamativo era el de Ann Glover, una mujer rica y totalmente integrada en la comunidad.

Ante la presión del ambiente, las niñas acabaron acusando a las tres mujeres (Tituba, Sarah Osborne y Sarah Good) de haberlas embrujado, creando dobles de sí mismas durante la noche (poder que se creía tenían las brujas). Esto unido a los escritos que se encontraron en el libro ‘Memorable Providences’, del reverendo Cotton Mather, contando el caso de brujería de una lavandera en Boston con síntomas similares a los de las niñas, causó que el juez diera veracidad a las acusaciones.

Este fue el detonante de la histeria colectiva, ya nada volvió a ser igual. A partir de eso momento, cada día aparecían más niñas y niños con síntomas epilépticos, y a su vez más personas acusadas.

¿Quiénes eran realmente las brujas de Salem?

Al encontrarse acorraladas por la situación las niñas no tuvieron más remedio que acusar a alguien de lo que les estaba sucediendo. Y como era lógico, inculparon a las tres mujeres socialmente más desfavorecidas que encontraron. El 29 de febrero se firmaron las primeras ordenes de arresto contra esas mujeres: Tituba, Sarah Osborne y Sarah Good.

Tituba, esclava de Barbados, hacía de niñera de las pequeñas Titubaentreteniéndolas con cuentos de vudú, apariciones, lecturas de futuro y juegos de manos. Estos hechos, unidos a ser una mujer negra y extranjera, la convertían en el blanco perfecto.

Para empeorar las cosas, al desatarse el caso, Tibuta y su marido elaboraron un pan con harina de cebada y orina de las niñas enfermas pensando que sería remedio para lo que las estaba pasando. Obviamente, esto chocaba frontalmente con las ideas religiosas de los colonos, enfureciendo aún más al reverendo Parris e inculpando directamente a Tibuta de brujería.

La segunda acusada, Sarah Osborne, era una mujer gravemente enferma por lo que llevaba un largo periodo sin asistir a la iglesia. Además, se encontraba en disputas legales con los Putman, una de las familias más poderosas de Salem.

Sarah Good por su parte no era más que una sin techo que iba pidiendo limosna de puerta en puerta. En el juicio se la acusó de maldecir a aquellos que no le daban donativo alguno, ante lo que ella alegó que simplemente recitaba los diez mandamientos. Pero al exigírsele que los recitara no fue capaz de pronunciar ni uno solo.

Bruja ahorcadaEn el juicio celebrado el mismo mes de febrero las tres fueron minuciosamente examinadas por los magistrados del Salem. En ese proceso se les instaba a reconocer su contacto con el diablo para salvar su alma. Ambas Sarahs se declararon inocentes. Pero en haz de proteger a su marido y alejar la vista del tribunal de su esposo, John Indian, Tibuta se declaró culpable. En su testimonio declaró haber visto al Diablo en diferentes formas y firmar en su libro después que las otras mujeres. A consecuencia de la confesión, las tres fueron condenadas y encarceladas a la espera de su ejecución.

Entre junio y septiembre de ese año se encontraron culpables a multitud de personas. La histeria llegó a tal punto que había acusaciones dentro de las propias familias, todas ellas por supuesto carentes de pruebas. Muchos aprovecharon este caos para venganzas personales.

La cantidad de acusaciones hizo necesario nombrar una corte desde Boston para tratar los casos de brujería. Esta corte dictaba sus veredictos escuchando únicamente a las niñas que eran afectadas y analizando las diferentes marcas presentes en el cuerpo de las acusadas (lunares, cicatrices, etc.) que se relacionaban con la brujería. En muchos casos se contaba además con la confesión forzosa de la acusada, con intención al menos de salvar su alma.

¿Cómo eran los juicios de Salem?

Primero de todo hay que dejar claro que los juicios acontecidos en Salem no se dieron en exclusiva en esa ciudad. Salem Village, actualmente conocido como Danvers, Sprinfield, Beverly e Ipswick también sufrieron de esta locura. Además de otros lugares fuera del Condado de Essex, en los condados de Middlesex y Berkshire.

Los juicios comenzaban con audiencias locales para ser seguidos posteriormente por el proceso judicial formal pertinente. Para finales del año 1693 más de ciento cincuenta personas fueron acusadas y por tanto recluidas para su vista.

Juicio bruja de salem

De todos los acusados la mayoría no llegó a ser procesado. Existían dos estamentos con capacidad de emitir veredicto en los juicios. Por un lado, se encontraba el tribunal del condado, el cual condenó a 28 personas por brujería, y otras 5 perecieron en prisión. Por otro lado, la Corte Superior de la Judicatura, que sólo condeno a 3 de los acusados de los 31 juicios que llevó a cabo.

De los 31 condenados, 6 hombres y 26 mujeres, 19 fueron ejecutados en la horca. Los otros corrieron suerte dispar, 2 fallecieron en prisión, otra fue retenida de manera indefinida, otra torturada hasta la muerte. El resto consiguió salir con vida, 2 de ellas gracias a alegar encontrarse embarazadas, aplazando así su ejecución hasta su absolución, otra escapó de prisión y las otras cinco fueron absueltas después de confesar sus teóricos crímenes.

Todos estos convictos fueron, por supuesto, inculpados sin prueba alguna. En la mayoría de los casos se basaron en simples acusaciones vacías y rumorología. En otros juicios se llevaban a cabo ciertas pruebas para determinar si la acusada era o no una bruja. Se las ataba y sumergía en agua fría y bendita pensando que las brujas flotaban, y se les buscaba la marca del diablo por todo su cuerpo, hasta rapándoles la cabeza, pichándoles lunares y verrugas.

El error casi nunca es derrotado por la razón. El error cede tan sólo a la lógica de los acontecimientos. Para que la superstición fuese derrotada, algo de indescriptible grandeza había de acontecer. Sólo la demostración de la locura y del horror de que es capaz la naturaleza humana podía asestar un golpe mortal a los antiguos conceptos sobre la brujería. Salem Witchcraft, 1867.

Algo que llama poderosamente la atención es saber que todos y cada uno de los acusados, independientemente de ser declarados culpable o inocentes, tuvieron que correr con los costes de su encarcelamiento. El precio variaba en caso de ser absuelto o indultado. En caso de ser ejecutado, eran los familiares los que debían asumir esos gastos y los del verdugo.

Es por ello que muchos de los declarados inocentes no tuvieron más remedio que permanecer en prisión al no poder costearse los gastos. Claro ejemplo es Sarah Dustin que falleció en prisión después de haber sido indultada en 1693.

Tibuta estuvo retenida en prisión hasta que en mayo de 1693 fue vendida de nuevo como esclava y su nuevo propietario asumió los gastos de su encarcelamiento. Y existen un sinfín más de casos similares.

JusticiaHarían falta 10 años para que la justicia comenzara a disculparse por las atrocidades allí acometidas. El primero fue el juez Samuel Sewall que dicto sentencia a instancias de los descendientes de las victimas admitiendo la culpa de los tribunales.

En 1702, doce ministros anglicados de Essex exigieron los derechos de los acusados que aún seguían con vida. Y en octubre del año 1711 el Tribunal General anuló veintidós de las sentencias a petición de los familiares. Los que no tenían familiares tuvieron que esperar 150 años hasta que en 1857 un Tribunal de Massachusetts anulo todas las sentencias restantes, dando por finalizados de una vez por todas estos terribles sucesos.

Explicación real de los juicios en Salem

Lo primero que hay que entender a la hora de hablar de los juicios de Salem es de dónde venían las personas que allí vivían y en que situación se encontraban.

Los habitantes de Salem eran colonos recién establecidos en las nuevas colonias. Provenientes de una Inglaterra en la que se habían enfrentado a su Iglesia por la corrupción, y de la que no encontraron más que desprecio y rechazo ante las propuestas de reforma. Por ello, llegaron a América con la intención de empezar un nuevo estado religioso, en el que sólo los miembros más puritanos y devotos prosperasen. Creían firmemente en la figura de Dios, y del Demonio, y en esa creencia tenían cabida las brujas. Creían que el diablo a través de las mujeres que estampaban su firma con sangre en su libro, tenía la herramienta para agredir a las personas. Y eso eran las brujas. Era una época preilustrada, la ciencia carecía de peso en la sociedad, y por el contrario lo mágico e invisible estaba muy arraigado.

Colonos americanos

A esto se le sumó una deprimente situación económica. La idea utópica que los colonos tenían de la Nueva Inglaterra no se parecía en nada a lo que se encontraron al llegar. La gente seguía con miedo a ataques de los indios o animales salvajes, y el excesivo crecimiento de la población causaba escasez de tierras a repartir. Esto reforzaba la idea luterana de que la tierra en un lugar de penurias, en la que hay que combatir contra la maldad para agradar a Dios y evitar su ira.

Visto el caldo de cultivo que era Salem en aquella época, sólo hacía falta una chispa para que todo saltase por los aires. ¿Pero qué fue lo que realmente ocurría en esos ataques mágicos? Aún hoy no se tiene claro, y ha habido multitud de teorías que han intentado explicar que pudo causar todo aquello. Y aunque muchos investigadores han estudiado los testimonios de la época, sigue sin haber luz que aclare que provocó todo realmente.

La teoría más difundida se basa en afirmar que todo fue causa de un delirio a raíz del excesivo fanatismo religioso. Pero es una explicación demasiado simplista que no ataca las posibles causas reales.

El maltrato a niños o el hecho de la opresión social que sufría la mujer es una explicación más sociológica de lo que pudo suceder.

Por otro lado, también se cree que todo pudo ser causa de ergotismo. El ergotismo no es más que una intoxicación que se da al ingerir pan de Ergotismocenteno fermentado, lo que hace que el hongo cornezuelo infecte el sistema inmunológico. Este hongo tiene efectos similares al LSD y encajaría con los síntomas que se describen padecían las niñas.

La guerra entre la familia Putman, enfrentada con la familia Porter también es un factor muy a tener en cuenta en todos los acontecimientos posteriores. Dentro de la comunidad de Salem todos vigilaban los actos de sus vecinos para controlar que estuvieran dentro de una adecuada conducta religiosa, por lo que la importancia de las relaciones sociales no eran algo desdeñable. Y si tenemos en cuenta que simplemente con una acusación infundada podías llevar a tus vecinos a juicio, la lucha de intereses por sus tierras entraba en escena.

El Crisol, Arthur Miller

Las brujas de Salem, también conocido como El Crisol o The Crucible, es una obra de teatro del autor Arthur Miller escrita en 1950. Es considerada una obra cumbre de la literatura contemporánea.

El resumen de la obra sería el alegato en contra de la intolerancia y el extremismo basándose en la historia acontecida en Salem. Aunque fiel en algunos aspectos a lo que realmente ocurrió, Miller comienza su narración con las niñas bailando desnudas en el bosque. Además, para mayor dramatismo cuenta como Abigail Williams, quien ha perdido su inocencia con un hombre casado, bebe una pócima para matar a la mujer de este granjero llamado John Proctor. A partir de ahí las brujas son descubiertas y todo el pueblo entra en convulsión, desatándose la histeria colectiva.

Pero no es el único libro que trata el tema de los juicios a las brujas. Otro libro titulado Caza de brujas en el mundo occidental, narra como los acusados fueron ejecutados y su sufrimiento en las prisiones.

Las brujas de Salem en el cine

La obra de Arthur Miller también fue llevada al mundo cinematográfico. A pesar de la resistencia del propio autor a adaptar la obra, finalmente no sólo accedió, sino que fue el guionista principal. La película fue toda una superproducción de Hollywood con estrellas de la talla de Daniel Day-Lewis, Winona Ryder y Paul Scofield.

 

Otra película digna de ser vista es la titulada La Bruja. Este fenomenal film ayuda a comprender la situación de aquella época para los colonos. Reconstruye la situación de una manera muy fiel, lo que hace que sea mucho más fácil entender todo lo ocurrido.

Llámalo brujería, llámalo fanatismo e intolerancia

Aunque a día de hoy, y puede que nunca, se sepa a ciencia cierta que pasó en Salem, lo que nadie tiene duda es que es un hecho histórico que ejemplifica lo que nunca ha de ser la justicia. Las pruebas eran simples rumores provenientes de personas gobernadas por su propio fanatismo y la intolerancia hacia lo diferente.

Histeria Colectiva Comunismo

El veredicto empeoraba aún más la situación al ser totalmente imparcial y desatar todo el peso de la justicia sin razón alguna sobre los más desfavorecidos.

Pero, por desgracia, las brujas de Salem no es más que un ejemplo de otras cacerías que vendrían posteriormente en la historia. En la propia América con la persecución a los comunistas, o el fascismo son ejemplos de que la sociedad olvida con demasiada facilidad lo que la histeria colectiva acarrea.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *